Cuanto amor, cuanto más
-cuanto de color- nos pusimos
Cuantas estrellas y también
-cuanto de aire- mi luna.
(Cuanta energía en unas horas)
Me pregunto si se cansan las estrellas de tanto vernos y no poder hacer
nada. (Yo lo haría)
Quizá si pudieran darnos su opinión sobre las cosas podríamos creer en
verdades reales.
(¿Realmente hay una verdad?)
Pobres estrellas, quizá ellas conocen como funciona y ven el rompecabezas
horrorizadas. Tantas idioteces en el plano, tantas manchas pronunciadas y otros
simples agujeros que decidieron hundirse justo cuando iban de camino a
direcciones hermosas. Me imagino un horizonte etéreo, con luces pequeñas y ráfagas
pronunciadas en círculos cromáticos inmensos. Todo haciéndose más grande cuando
se percibe terminado y minúsculo. Si yo fuera una estrella me sentiría incompleta
y perdida. No sabría dónde mirar sin pensar
que podría estar ahí hablando un lenguaje que no puedo pronunciar. Siendo una
espuma en el mundo. Enamorada de él pero nunca estando lista para tocarlo. Sin
tiempo para pintar un horizonte en sus ojos y a la vez sintiéndome dueña de sus
segundos, de sus miradas, de cada alma. Cómo escoger a qué alma pertenecer?.
Cómo ser rebelde con el amor que te encierra en una jaula hermética pero al
mismo tiempo se hace líquido en tus manos de aire. Tan insaciable, inalcanzable.
Es como acariciar las gotas del sol de nuevo y recordar que no serás más que
una huella en el suspiro del fuego. Que serás el sonido armónico en medio del
estruendo y entonces quizá te preguntes si estás muy en él o es que siempre fue
así y él está muy contigo. De nuevo, invencible. Invencible en la memoria a
la vista del telescopio de ese quien. (Mío)
Ser ese sonido descalzo… Sí.
(es que alguien podría responderme eso?)
Cuanto con él, cuanto más
-cuanto sonido- perdemos
Cuanto tú con él y cuanto
Tú, conmigo.